IKEA vs. Abertis: Una analogía para entender el conflicto de Google-Telefónica

Hace unos días el presidente de Telefónica se descolgaba con unas declaraciones en las que pedía a los buscadores como Google, que le pagaran por usar sus redes y ganar dinero sin que las telecos vieran un duro. Uno puede entender esas declaraciones como una gañanada de alguien que no conoce el negocio por el que se está moviendo (parece que es más ducho en meter la mano en la caja cuando tiene ocasión) y que, dentro de lo que cabe, es su empresa y oye, por pedir que no quede.

Lo preocupante empieza cuando el Ministro de Industria de este país se posiciona claramente con los postulados de Telefónica, y no solo eso sino que se va a Europa a defenderlos a capa y espada.

El problema surge cuando mucha gente que no sabe de que va el tema te comenta eso de “oye, igual tiene razón que estos de Google se están forrando“, y cuando les intentas explicar algo sobre la neutralidad de la red y como esta medida atenta claramente a la misma y que no se debería discriminar el tráfico por contenido escuchas cosas como “una operación a distancia debería disponer de más ancho de banda que un correo electrónicoleído en el diario Público, confundiendo aqui neutralidad con ancho de banda.

Así que para intentar explicar un poco las cosas se me ha ocurrido esta analogía que quizá esté mas cerca de lo que la gente conoce…

La analogía: IKEA vs. Abertis

(disclaimer: uso los nombres de IKEA y Abertis por ser conocidos, pero todo lo contado a continuación es prácticamente ficción)

Resulta que cuando IKEA se instaló por primera vez en la península lo hizo en Badalona en 1996. Dado lo atractivos que resultan los muebles de IKEA para mucha gente (por precio, calidad y por el gustillo de hacer las cosas uno mismo) pues muchos se decidieron a coger su furgoneta y hacerse una panzada de kilómetros hasta la tienda de IKEA para llenarla a los topes.

Esta gente tiene la posibilidad de ir por una carretera normal o ir por una autopista, por esta última irás más rápido pero sabes que pagarás más, pero el problema no está ahí.

El problema surge cuando Abertis, la principal concesionaria de autopistas de España se da cuenta de que IKEA se está forrando ya que tiene una única tienda en la península y hace que sus usuarios usen sus autopistas para llegar a su tienda. Es decir, desde el punto de vista de Abertis IKEA basa su negocio en sus redes de comunicación, sin las cuales los usuarios no podrían llegar a su tienda, y además lo hace sin pagarle un duro. Por lo que un día su presidente monta en cólera y sale diciendo barrabasadas por televisión. Pero Abertis se olvida de unos pequeños detalles:

  1. Las autopistas de Abertis las ha construido realmente el estado, solo han pasado a manos de Abertis después de un proceso de privatización sobre el cual, como casi siempre, surgen serias dudas de amiguismo
  2. Los usuarios de la autopista no conducen por el gusto de conducir, conducen porque quieren llegar a un sitio. Si IKEA no hubiera abierto una tienda a muchos probablemente ni se les pasaría por la cabeza hacer una panzada de kilómetros en una autopista
  3. Los usuarios de las autopistas sí pagan por circular por ellas, por lo cual Abertis sí se está lucrando con la llegada de IKEA a España

Viendo los puntos anteriores, y si lo pensamos fríamente, tal vez sería más adecuado que Abertis le diera parte de sus beneficios a IKEA ya que con su sola presencia la gente se anima más a hacer kilómetros en sus autopistas.

Pero claro, en esto sale el Ministro de Fomento y dice algo así como que “defiende en la UE que se estudie la creación de una tasa para los fabricantes de muebles” y que “evidentemente si las autopistas recibieran algún tipo de compensación, esos ingresos adicionales serían útiles beneficiosos trasladables a los usuarios

Y ¿como piensa Abertis conseguir que IKEA le pague por los coches que pasan (pagando, no lo olvidemos) por su autopista?, pues cuando pases por su peaje te preguntarán para donde vas para pasarle la minuta correspondiente a IKEA. ¿Y si IKEA no entra por el aro y no quiere pagar?, pues pondremos un peaje extra para los que vayan a IKEA, o los desviaremos por la cabina de peaje más lenta, para que se chinchen, o los desviaremos por una autopista más larga, etc. Todas estas medidas que acabamos de contar atentarían contra la neutralidad de la vía, es decir, que una vez que estamos dentro de una autopista un coche es igual a otro, da igual su origen, su destino o el número o tipo de personas que viajan dentro, todos son tratados de igual manera por la concesionaria de autopistas.

Se le olvida a Abertis que ella también podría intentar abrir tiendas de muebles, si piensa que tanto chollo es (es más en el pasado parece que abrió una tienda llamada Terra que no tuvo mucho exito), aunque también a IKEA le podría dar por hacer autopistas (bueno, esto no es tan descabellado cuando en Coruña van a pagar el nudo de accesos al polígono en el que se asienta la futura tienda).

Epílogo

En fin, espero que se haya entendido, para no hacerlo más largo os cito el principio de neutralidad de la red tal y como lo pone el bloguero Enrique Dans en su blog:

Los ciudadanos tienen derecho a que el tráfico de datos recibido o generado no sea manipulado, tergiversado, impedido, desviado, priorizado o retrasado en función del tipo de contenido, del protocolo o aplicación utilizado, del origen o destino de la comunicación ni de cualquiera otra consideración ajena a la de su propia voluntad. Ese tráfico se tratará como una comunicación privada y exclusivamente bajo mandato judicial podrá ser espiable, trazable o analizable en su contenido (como correspondencia privada que es en realidad).

Y luchemos para que entre todos no lleguemos a ver una publicidad de Internet de una teleco en una figura como la siguiente. ¿No se os parece sospechosamente a la publicidad de las televisiones por cable o satélite?. Pues eso es en lo que quieren convertir las telecos a Internet, en una especie de televisión a la carta donde ellos controlen lo que ves y cuanto pagas por verlo.

El derecho a leer

Como últimamente hemos estado hablando de ciencia ficción en el blog, y como últimamente mucho se ha hablado en el MundoReal TM de derechos sobre la propiedad intelectual y de como las entidades de gestión de estos derechos intentan criminalizar actitudes que a todos nos parecen normales (intercambiarnos música, libros, o representar obras de autores clásicos que llevan siglos muertos, etc.) me ha venido a la mente un cuento corto de ciencia ficción escrito por Richard M. Stallman en 1996 (aquí podéis encontrar el original en inglés).

(de “El camino a Tycho”, una colección de artículos sobre los antecedentes de la Revolución Lunar, publicado en Luna City en 2096)

Para Dan Halbert el camino a Tycho comenzó en la universidad, cuando Lissa Lenz le pidió prestado su ordenador. El de ella se había estropeado, y a menos que pudiese usar otro suspendería su proyecto de fin de trimestre. No había nadie a quien se atreviera a pedírselo, excepto Dan.

Esto puso a Dan en un dilema. Tenía que ayudarla, pero si le prestaba su ordenador ella podría leer sus libros. Dejando de lado el riesgo de ir a la cárcel durante muchos años por dejar a otra persona leer sus libros, la simple idea le sorprendió al principio. Como a todo el mundo, se le había enseñado desde la escuela primaria que compartir libros era algo malo y desagradable, algo que sólo los piratas harían.

Además, no había muchas posibilidades de que la SPA (la “Software Protection Authority”, o Autoridad de Protección del Software), no lo descubriese. En sus clases de programación Dan había aprendido que cada libro tenía un control de copyright que informaba de cuándo y dónde fue leído, y quién lo leía, a la oficina central de licencias (usaban esa información para descubrir piratas, pero también para vender perfiles personales a otras compañías). La próxima vez que su ordenador se conectase a la red, la oficina central de licencias lo descubriría. Él, como propietario del ordenador, recibiría el castigo más duro, por no tomar las medidas adecuadas para evitar el delito.

Lissa no necesariamente pretendería leer sus libros. Probablemente lo único que ella necesitaba era escribir su proyecto. Pero Dan sabía que ella provenía de una familia de clase media que a duras penas se podía permitir pagar la matrícula, sin pensar en las tasas de lectura. Leer sus libros podía ser la su única forma de terminar la carrera. Entendía la situación; él mismo había pedido un préstamo para pagar por los artículos de investigación que leía (el 10% de ese dinero iba a parar a los autores de los artículos, y como Dan pretendía hacer carrera en la universidad, esperaba que sus artículos de investigación, en caso de ser citados frecuentemente, le dieran los suficientes beneficios como para pagar el crédito).

Más tarde, Dan descubrió que hubo un tiempo en el que todo el mundo podía ir a una biblioteca y leer artículos, incluso libros, sin tener que pagar. Había investigadores que podían leer miles de páginas sin necesidad de becas de biblioteca. Pero desde los años 90 del siglo anterior, tanto las editoriales comerciales, como las no comerciales, habían empezado a cobrar por el acceso a los artículos. En el 2047, las bibliotecas de acceso público eran sólo un vago recuerdo.

Había formas de evitar los controles de la SPA y la oficina central de licencias, pero también eran ilegales. Dan había tenido un compañero de su clase de programación, Frank Martucci, que consiguió un depurador ilegal, y lo usaba para evitar el control de copyright de los libros. Pero se lo contó a demasiados amigos, y uno de ellos lo denunció a la SPA a cambio de una recompensa (era fácil tentar, para traicionar a sus amigos, a estudiantes con grandes deudas). En 2047 Frank estaba en la cárcel; pero no por pirateo, sino por tener un depurador.

Dan supo más tarde que hubo un tiempo en el que cualquiera podía tener un depurador. Incluso había depuradores libremente disponibles en la red. Pero los usuarios normales empezaron a usarlos para saltarse los controles de copyright, y finalmente un juez dictaminó que ese se había convertido en su uso práctico. Eso quería decir que los depuradores eran ilegales y los programadores que los habían escrito fueron a parar a la cárcel.

Obviamente, los programadores necesitan depuradores, pero en el 2047 sólo había copias numeradas de los depuradores comerciales, y sólo disponibles para programadores oficialmente autorizados. El depurador que Dan había usado en sus clases de programación estaba detrás de un cortafuegos para que sólo se pudiese utilizar en los ejercicios de clase.

También se podía saltar el control de copyright instalando un núcleo del sistema modificado. Dan llegó a saber que hacia el cambio de siglo había habido núcleos libres, incluso sistemas operativos completos. Pero ahora no sólo eran ilegales, como los depuradores: no se podía instalar sin saber la clave de root del ordenador, cosa que ni el FBI ni el servicio técnico de Microsoft te darían.

Dan llegó a la conclusión de que simplemente no podía dejarle su ordenador a Lissa. Pero no podía negarse a ayudarle, porque estaba enamorado de ella. Cada oportunidad de hablar con ella era algo maravilloso. Y el hecho de que ella le hubiese pedido ayuda podría significar que sentía lo mismo por él.

Dan resolvió el dilema haciendo algo incluso más increíble, le dejó el ordenador, y le dijo su clave. De esta forma, si Lissa leía sus libros, la oficina central de licencias pensaría que quien estaba leyendo era él. Seguía siendo un delito, pero la SPA no lo detectaría automáticamente. Sólo podrían saberlo si Lissa lo denunciaba.

Si la universidad descubriese que le había dado su clave a Lissa significaría la expulsión para los dos, independientemente de para qué hubiese usado ella la clave. La política de la universidad era que cualquier interferencia con sus métodos de control sobre el uso de los ordenadores era motivo para una acción disciplinaria. No importaba si se hubiera hecho o no algún daño, el delito era el hecho de dificultar el control. Se asumía que esto significaba que se estaba haciendo algo prohibido, y no necesitaban saber qué.

En general los estudiantes no eran expulsados por eso -no directamente-. En su lugar se les prohibía el acceso a los ordenadores de la universidad, lo que inevitablemente significaría suspender todas sus asignaturas.

Dan supo más tarde que ese tipo de políticas en la universidad empezaron en la década de 1980, cuando los estudiantes comenzaron a usar ordenadores masivamente. Antes de eso, las universidades tenían una actitud diferente: sólo se penalizaban las actividades dañinas, no las que eran meramente sospechosas.

Lissa no denunció a Dan a la SPA. Su decisión de ayudarle llevó a que se casasen, y también a que cuestionasen lo que les habían enseñado cuando eran niños sobre el pirateo. Empezaron a leer sobre la historia del copyright, sobre la Unión Soviética y sus restricciones sobre las copias, e incluso sobre la constitución original de los Estados Unidos. Se mudaron a Luna, donde se encontraron con otros que de la misma forma intentaban librarse del largo brazo de la SPA. Cuando empezó el Levantamiento de Tycho en 2062, el derecho universal a leer se convirtió en uno de sus objetivos fundamentales.

Copyright 1996 Richard Stallman

Sobre la obra y su contexto

Richard Mathew Stallman es un conocido programador de origen estadounidense y activista sobre la libertad del software. Es el fundador de la Free Software Foundation, una fundación sin ánimo de lucro que promueve el desarrollo de software libre (pero libre no en el sentido de gratuito sino el el sentido de libre de distribuir, copiar y modificar). Uno de los mayores exponentes del software libre es el sistema operativo Linux.

Puede que a algunos el texto le parezca una exageración propia de novelas de ciencia ficción (al estilo de “1984” o “Fahrenheit 451”) pero es notable lo premonitorio que ha sido este escrito si tenemos en cuenta que en el año en que se escribió (1996) prácticamente no existían ninguna de las restricciones digitales (DRM) que asolan a los productos tecnológicos de las últimas generaciones.

Acaso hoy en día no podemos ver como canciones bajadas con el programa iTunes sólo pueden ser reproducidas si tienes un iPod. O libros comprados en la tienda de Amazon sólo pueden ser leídos si te has comprado el lector de eBooks que ellos mismos comercializan (Kindle). En este último caso es paradigmático como la empresa Amazon utilizó la conexión a Internet del Kindle para entrar en ellos (sin el permiso de sus propietarios) y borrar un libro que había sido comercializado sin tener los adecuados derechos. Para colmo de la ironía el libro era “1984”.

También podemos ver como productos electrónicos como el iPhone, el nuevo iPad o las consolas de videojuegos controlan hasta la saciedad el software o hardware que instalas en los mismos prohibiendo instalar dispositivos (en un aparato electrónico que no olvidemos que es de tu propiedad) que anulen dichas restricciones del fabricante.

Manifiesto: En defensa de los derechos fundamentales en Internet

¿Te gustan las canciones de, por ejemplo, Bisbal?  ¿Hay algún cantante de esos superventas que sólo te produce repelús cuando lo oyes? Seguro que sí y seguro que ni loco te comprarías un disco de ellos. Sin embargo los estas financiando aunque no quieras ¿cómo? muy fácil tienes alguna de estas cosas en casa: un ordenador con disco duro, una conexión de banda ancha a Internet, una cámara de fotos con tarjeta de memoria, un móvil capaz de reproducir MP3, un DVD virgen, etc. Pues entonces estás pagando un canon a empresas privadas como la SGAE, que luego lo reparte (después de quedarse una buena tajada de comisión) en función de las ventas, es decir, el que más cobra es Bisbal y compañía.

Hasta ahora no me había preocupado bastante… me están cobrando por un delito (que no lo es) que no he cometido, así que ahora tendré menos reparos a bajarme cosas de Internet. Que conste que el canon no es para compensar la piratería, es para compensar el derecho que tenemos a la copia privada de cualquier obra que compremos. Pero eso debería ser incompatible con los sistemas anticopia que presentan hoy en día muchos CDs musicales o DVDs de vídeo.

El caso es que ahora nuestro querido gobierno ha querido dar un nueva vuelta de tuerca y de rondón, en una ley de economía sostenible (no se muy bien que pinta ahí) intenta abrir la puerta al cierre de las páginas que ofrecen accesos a, por ejemplo, canciones para descargar. Hay que tener en cuenta que hasta ahora todo intento judicial de cerrar estas páginas ha sido inútil, no hay nada ilegal en dar un link a un contenido. Lo más peligroso de esta ley no es que se cierren estas páginas (otras alternativas saldrán) sino que la decisión de cerrar estas páginas venga de una “autoridad competente” y no de una instancia judicial, lo que claramente abre el grifo a la censura (la patada en la puerta digital lo llaman por ahí). De ahí a que la SGAE y compañía decida cortarte el acceso a Internet por bajarte cuatro canciones sólo hay un paso. Si nos ponemos estrictos deberían cerrar Google, que yo sepa la mejor forma de encontrar música y películas en Internet.

Por eso he decidido unirme al manifiesto que corre como la pólvora por Internet y que esperemos que su amplia difusión haga reflexionar a quién tenga la potestad de legislar. Lo copio y pego a continuación:

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Se ha publicado en multitud de sitios web. Si estás de acuerdo y quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.